INMA ESCRICHE

De repente todo se vuelve turbio con la noticia de que tienes cáncer, no sabes por dónde empezar ni qué hacer, y es, en ese momento, cuando todo se traduce en una palabra: CONFIA.

En esos fatídicos primeros días del diagnóstico de mi enfermedad, ni siquiera conocía a muchos de los integrantes de los Devotos de Santa María de la Cruz, pero lo importante fue que ellos a mi sí, y eso fue suficiente para que plantearan la primera peregrinación de la asociación al Santuario para pedir por mi curación.

Enseguida se pusieron manos a la obra, solicitaron los permisos necesarios, confeccionaron todas las cruces para el camino, organizaron la vuelta en autocar y, además, coordinaron con el convento la posibilidad de realizar una comida de hermandad con lo que ello conlleva de organización extra.

Me plantearon que querían realizar un Via Crucis hasta el Santuario, esta peregrinación la ofrecían a todas la parroquia Ntra Sra del Pilar. Para mi sorpresa la respuesta fue abrumadora, más de ciento cincuenta feligreses acudieron a la llamada, 5 horas caminando por el campo, realizando el Via Crucis y todo para pedir por mi.

Ahí estaban todas las realidades de la parroquia, todos los grupos representados: jóvenes, grupo de matrimonios, comunidades neocatecumenales, oratorios, catequistas, mujeres del Rosario …. Y al frente nuestro párroco D. Jorge junto con el entonces vicario D. Fernando.

Mi dificultad para caminar no me permitió aquella mañana del 6 de diciembre poder acompañarles en el camino, pero allí les esperaba yo, impaciente, su llegada. Parecía que incluso el tiempo se había preparado para el evento, pues rodeados de fríos días de lluvias, ese día de invierno amaneció con sol.

Verles llegar fue emocionante, la alegría con la que caminaban y que, pese al cansancio, no dudaron en bajar a rezar a la cripta. Sin duda esa misa fue especial, todos con el corazón alegre y lágrimas en los ojos, no se cabía.

Además, las hermanas clarisas me ofrecieron la oportunidad de poder sostener en mis manos la cuenta del Rosario con 500 años de historia y que es la misma que sostuvo la Virgen en una de sus apariciones.

Desde ese mismo día tengo una conexión especial con el Santuario, se que las hermanas siguen rezando por mi y espero que así sea durante mucho tiempo en el que sin duda, cada vez que tenga ocasión, seguiré escapándome a hacerles una visita. Rezar ante la Cruz es mi refugio.