FRANCISCO VELASCO ( SEVILLA )

Mi nombre es Paco vivo en Sevilla tengo 38 años.

Todo comenzó a mis 33 años. Nací en el seno de una familia católica practicante, padezco una enfermedad degenerativa visual (principio de ceguera) mi fe en ese momento era muy tibia.

A regañadientes asistía a misa los Domingos y días de preceptos. Mis padres rezaban mucho por mí, rezaban el rosario en casa y yo siempre solía huir hacia mi habitación, en ocasiones incuso me hacia el dormido para que me dejaran tranquilo y no rezar con ellos.

Me costaba entender el afán de mis padres por ir a diario a misa, mi fe era muy tibia y hacia años también que no me acercaba al sacramento de la confesión.

Un día recibo una llamada de mi amigo Enrique, un amigo mío desde la adolescencia que partió hace años de Sevilla y vive en Madrid.

De manera muy efusiva empieza a contarme algo sobre un Santuario donde se apareció la Virgen, situado en Cubas de La Sagra (Madrid). Enrique siempre fue un chaval algo chulesco y bastante rebelde, pero algo en él había cambiado, no era el mismo, era otra persona.

Yo no entendía nada, él solo me decía que tenía que ir para visitar a la Virgen a pedir el milagro para mi curación.

Para mí era toda una Locura, con mi enfermedad y mis horarios de trabajo, ¡ IMPOSIBLE! En ese momento aparece Antonio un amigo y hermano para mí, actuó como mi ángel de la guarda, el también hablo con Enrique y me dijo que teníamos que ir.

Gracias a este Ángel amigo mío llamado Antonio pude conocer el Santuario. Los preparativos del viaje no fueron fáciles, a mi pobre amigo le abren el coche para intentar robarlo y le destrozan las puertas. Antonio arregló el coche y me decía que nada impedirá nuestra peregrinación a Cubas de La Sagra.

A los pocos días le rajan las 4 ruedas del coche, Antonio con fe y algo mosqueado por estas puyitas del demonio lo vuele arreglar.

Por fin llega el día, son las 2 de la mañana y nos disponemos a salir, pero algo sucede de nuevo, la puerta blindada de mi casa no cierra bien. La casa se queda sola pues mi familia se encuentra de vacaciones y no puedo cerrar la puerta de manera segura. Mi padre me llamo y dijo tranquilo vete, la virgen cuidara de la casa y eso hice, por fin mi gran amigo y hermano Antonio y yo partimos hacia Madrid.

Al día siguiente ya estábamos en Madrid, el pesado de mi amigo Enrique quería aprovechar el día y temprano por la mañana salimos dirección al Santuario. Nos llevó por un camino de campo lleno de baches, polvo y piedras muy abandonado.

Llegamos al Santuario y me encuentro un lugar muy solitario y triste, lo primero que se me pasa por la cabeza es que ¡menudo sitio que me traen! ¿Cómo es posible que la Virgen se apareciera en este solitario y desconocido lugar?

En seguida muy amablemente nos atendió una de las hermanas clarisas, que en un gesto de caridad nos enseñó la cripta situada bajo la iglesia.

La hermana comenzó a explicarnos que en esa cripta la Virgen se apareció y empezó a contarnos multitud de milagros y testimonios.

Una sensación de Paz y de amor empezó a inundarme por completo, la atmosfera de aquella cripta empezó a invadir en mi alma el deseo de rezar el rosario y dar gracias a Dios. Algo comenzó a fraguarse en mi interior, me di cuenta que el mayor milagro no era la curación física sino la espiritual. Estuvimos todo el día rezando, solo paramos para comer en un pueblo cercano y por la tarde seguimos en oración.

Cada vez que rezaba un misterio en mi alma empecé a ver mis pecados y lo alejado que me encontraba de Dios, 3 palabras retumbaban en mi interior, CONFESION, ORACION, COMUNION.

Me encontraba tan bien en ese lugar que no quería regresar, esa noche fue muy larga y no podíamos parar de hablar de Dios y de La Virgen, estábamos a flor de piel.

Ya volvíamos a Sevilla yo preocupado por mi casa, mi amigo Antonio me decía tranquilo ya verás como la Virgen arreglo la puerta y efectivamente así fue, la puerta se encontraba perfectamente cerrada y la pude abrir sin el más mínimo problema.

Al día siguiente algo en mi había cambiado, sentí un fuerte deseo de confesarme y me puse en camino. Recorrí el centro de Sevilla buscando una iglesia abierta donde poder confesar y asistir a la Santa Misa, encontré una bonita iglesia Carmelita.

Después de muchos años pude confesar y reconciliarme con Dios, recuerdo que lloraba y lloraba, sentí como una garra que me soltaba el alma y una liberación recorrió todo mi ser, después pude comulgar.

Estas palabras sentí; ves la montaña de la vida… tienes que subirla según las enseñanzas de mi hijo. Siempre tropiezas con faltas, pero siempre está la Confesión para regresar al camino correcto y también me enseño que lo mejores amigos que puedo tener son los sacerdotes.

Mi vida hasta día de hoy cambio racialmente, empecé a leer e interesarme por la vida de los Santos, frecuentar la misa diaria y rezar el rosario todos los días.

Desde aquí doy las gracias a mi amigo Enrique por pesado e invitarme con insistencia al Santuario a mi Ángel de la guarda mi gran amigo Antonio que sin él no hubiera podido conocer este lugar y a las hermanas clarisas por el amor que dan al mundo a través de la oración.