ANA MARIA RIVERA ( VIA-CRUCIS NOCTURNO)

Madre,  prometiste derramar tus gracias sobre aquellos que visitaran este maravilloso Santuario de Santa María de la Cruz de Cubas de la Sagra, pero que mayor gracia que haber acompañado a las almas a ver el rostro de Jesús por primera vez de tu mano.

La noche era heladora, no paraba de temblar, no sé si de los nervios a enfrentarme a ese reto o del frio que verdaderamente hacía en la Iglesia del Pilar, donde se nos acogió como si fuésemos sus feligreses más queridos.

Todos teníamos cara de alegría y emoción, como si asistiésemos a la boda de nuestra mejor amiga, era una celebración del corazón por todo lo alto.

Y comencé mirando al cielo allí a la salida de Valdemoro, las nubes comenzaban a cubrir ya la luna, pero su luz parecía reflejar una cruz en el horizonte, era la señal de que estabas allí con nosotros acompañando a tu hijo en el calvario.

La verdad es que el camino se hizo duro a medida que pasaba la noche pero a pesar de los dolores y del frio me sentía tan emocionada de haber podido hacerlo que en lugar de sufrir sentía alegría y esperanza en mis necesidades.  Además mi hija pequeña me acompañó con gran valentía sujetándome del brazo durante todo el camino, sin cansarse sin rechistar, aguantando incluso el agua nieve que cayó durante la noche.  Que alegría estar contigo Madre!!!!.

Y así a medida que pasaban las horas, y que intentaba rezar una y otra vez el rosario,  que empezaba el mío y lo enlazaba con el resto de las personas que peregrinaban a nuestro lado, la cabeza no paraba de traer nombres, de conocidos, de familiares, de amigos, que habían pedido mi intercesión o que yo sabía que estaban necesitados de oración.  Sabía que la Madre escuchaba con especial cariño esa noche mis plegarias.

Y así poquito a poco fuimos llegando al final,  ya entrando en Cubas entonamos cantos marianos,  (yo solo puedo cantar con una cuerda vocal ya que tengo la otra paralizada), pero quería cantarle, alabarle, gritarle a mi Madre del cielo cuando la quería y cuanto la necesitaba, sabía que ella estaba contenta, que me oía, que me escuchaba.

El último tramito era un nudo en mi garganta pues me sentía tan dichosa de haber podido estar allí que sólo tenía ganas de llorar.

Llegamos cada uno con nuestras mochilas cargadas de cosas materiales, pero vacías de las preocupaciones y problemas que fuimos dejando en el camino.  Lo habíamos logrado!!!

Espero que el año que viene nos acompañéis muchos más, pues las gracias comienzan desde el instante que decides acompañar a la Virgen para que muchas almas del purgatorio sean liberadas esa noche.

Y por cierto, los medios no pudieron ser mejores,  por favor Madre, derrama tus gracias sobre estos hijos tuyos que nos hicieron posible realizar esta Marcha y sobre el sacerdote que con tanto cariño y paciencia nos acompañó.

Gracias Madre, por quererme tanto y regalarme cada día tu presencia maternal en mi vida y en la vida de todos los que quiero.