MARIA VALLEJO-NAGERA

Hace ya 18 años que oí hablar por primera vez del misterioso caso de Cubas de la Sagra. Hasta entonces, nadie me había mencionado el lugar… Fue una mujer humilde la que lo hizo (cosa que suele sucederme siempre, nunca son los “sabios” y “grandes maestros” los que me informan de estas cosas sobrenaturales de Dios).

El pueblo de Cubas está colindando con la frontera de Toledo. Es un enclave familiar, de casa bonitas, de recreo la mayoría de ellas, con campo de segados colindantes y pequeños restaurantes y fondas que se llenan los fines de semana de excursionistas. Pero lo que enclava en su corazón, es lo más importante (y quizá lo más desconocido), de los visitantes: un convento de clausura en cuyos lazos ancestrales sucedió todo suceso místico inimaginable.

En el lugar vivió, allá por tiempos de los Reyes Católicos, una niña conocida como “Inés”. Era una pequeña porquera de familia más pobre que las ratas… Vivía junto a unos padres buenos y a un hermano que siempre la amaron y creyeron, pues lo que la niña Inés cotaba, era como para no creer. Al parecer, un día, de la forma más inesperada e inusual, a Inés se le apareció “una fermosa dama”, tan bella como las estrellas y la luna juntas. La “fermosa dama” le habló, le contó muchas cosas y vaticinó pestes y muertes. Sin embargo, no vino para presagiar maldades, sino para avisar que Ella nunca abandonaría a los hombres de buen corazón, amantes de Jesús y de la Iglesia. Las enfermedades llegarían, sí, pero con una medicina fuerte y eficiente: brotaría una pequeña fuente de agua con la que sanarían todas las personas que enfermaran de muerte.

El pueblo, atónito, escuchó y después de ver grandes prodigios y sanaciones, creyó a la niña. La Iglesia también acudió, ¡y cómo! Pues fue el mismísimo Cardenal Cisneros quien visitó, entrevistó e investigó a la niña Inés. “Todo esto es verdad”, concluyó. Y fue así como nació un pequeño beaterio en el que vivió varios años la niña Inés, como consagrada al Señor.

¡Pero, ay, las envidas femeninas…! Pues no tardaron en nacer oscuras sombras de odio y rechazo entre los corazones negros de sus compañeras consagradas. Y así la atacaron con calumnias, golpes, insultos y terribles acusaciones. La niña Inés (ya no tan “niña”), se agotó… Y un obrero de edad avanzada, solterón y observador, viendo cómo la mujer era maltratada así por sus hermanas de fe, le propuso dejar atrás todo aquello, convertirse en su esposa para largarse del lugar. Por debilidad humana, agotamiento psicológico y físico, Inés aceptó gustosa (aunque con muchas dudas y temores en su alma). Pero su “sí” logró que pudiera marcharse a vivir en un pueblo cercano, en donde comenzó una vida nueva y en donde vio nacer a sus dos hijos.

Dicen las leyendas que Inés siguió experimentando apariciones de la Santa Virgen de la Cruz, pero que las acallaba en su corazón y no quiso que trascendieran. La Madre de Dios le vaticinó sufrimientos graves: perdería a su marido en la enfermedad y a sus dos hijos; debería ser muy fuerte y valiente, y acabaría su vida en “una casa de Dios”. Así fue.

Inés vivió viuda y triste poco tiempo, pues fue aceptada en un convento de clausura en donde acabó sus días con paz y llena del cariño y acogimiento de sus nuevas hermanas consagradas. Dicen los aldeanos que el día que murió las campanas del torreón tocaron solas al viento…

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¿Acabó así la historia que unió al cielo con la tierra en Madrid? No. Dios no se rinde tan fácilmente…

Así que quiso la Madre de Jesús aparecerse en sueños a una mujer de nobleza baja de la zona que esperaba la llegada de su hijo en pocos meses. En ese sueño hermoso, una bellísima mujer se le aparecía a los pies de la cama y le decía: “¿me dejas a tu hija? Si lo haces, será mía, trabajará para mí y los frutos de su vida serán abundantes”. Supo así doña Constanza que lo que en su vientre crecía era una niña, a la que bautizó como “Juana”.

Esta niña sería CRUCIAL para el futuro de Cubas de la Sagra. Desde muy pequeñita experimentó grandes visiones y prodigios místicos del Señor. Abrumadoramente enamorada de la Eucaristía, era capaz de ver a un Niño pequeñito vivo en cada custodia. Aquello siempre la impresionó sobremanera y empujó en su camino hacia el convento.

Quedó huérfana de madre muy pronto, y quedó al cuidado de su padre y hermanos, que siempre la quisieron mucho. Pero llegada la edad, ¡se empeñaron en casarla! La niña Juana no quería ni loca… Y ahí que nacieron los desacuerdos, las discusiones y los tira y afloja, que consumaron la llegada intempestiva (y en plena huida de su casa ataviada con un disfraz de paje), a las puertas del convento.

Una vez dentro, hubo sus más y sus menos: los familiares y el prometido (un muchacho de muy buena familia que, enamorado, la quería desposar como fuera), pelearon duramente con las monjas y con Juana. Ni con caballos, armas o gritos, lograron convencerla de que saliera de su “madriguera” conventual, por lo que al final, agotados los caballeros, el padre, los hermanos y hasta los caballos, dejaron a la muchachita en paz. Si tanto deseaba ser monja, pues, ¡que lo fuera!

No tengo espacio ni tiempo para explicar aquí los imponentes prodigios que la Niña Juana vivió entre los muros de ese convento de Cubas de la Sagra. Toda su vida, -desde ese momento clave-, fueron éxtasis, milagros, visiones espectaculares de la Virgen, de Jesús, del cielo, del infierno, del purgatorio, de las almas errantes… Curaciones a través de sus oraciones, visitas de reyes, cardenales y obispos, nobles y aldeanos, abarrotaban el convento a todas horas. Todos querían conocer a la “santa Juana”, esa monja con espectaculares dones de Dios que a todos asombraban y dejaban sin aliento.

Su fama se extendió como la pólvora, y fueron muchos los que la vieron bilocada a muchos kilómetros de su encierro monacal: a los pies de la cama de princesas moribundas, nobles asustadas o gentes humildes en graves aprietos y peligros. Toda su vida fue oración y amor profundísimo a Jesús, de quien vivía enamorada.

Tras su muerte (llegó a ser la única párroco de España), su cuerpo desprendió un olor a flores que ningún presente pudo olvidar.

Hoy los milagros siguen sucediendo en ese pequeño Lourdes de Madrid.

¿Por qué se está perdiendo la oportunidad de visitarlo?

Con todo cariño,

María Vallejo-Nágera

“CURSO BÍBLICO VIRGEN DE GUADALUPE”

SOTEMAR.SL

Departamento de Comunicacion

Maria Vallejo-Nágera Comunications

WEB:           www.mariavallejonagera.com

email:         oficina@mariavallejonagera.com

María Vallejo-Nágera

2017 Harvard Advanced Leadership Initiative Partner

2020 Especialista en Espiritualidad Bíblica por la Uni. Pontificia de Comillas

Profesora de Estudios Bíblicos en el Museo de El Prado